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17/12/2015

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En busca de la perfección: ¿qué necesito para ser bailarín?

 

La danza, como toda disciplina, tiene ciertos cánones que se deben cumplir. La danza clásica es tal vez la más rigurosa acerca del tipo de cuerpo y las condiciones que se necesitan para desenvolverse en ella a nivel profesional, lo cual con frecuencia, decepciona a muchos jóvenes aspirantes.

Al entrar a un tema tan escabroso, debemos ser muy honestos y decir las cosas como son. El estándar de lo que se requiere para el ballet, evoluciona de las danzas folklóricas europeas, y no es el tipo de danza de las que surge lo que nos interesa, sino la región geográfica. Franceses, ingleses, holandeses, rusos y demás: estamos sin duda hablando de cuerpos que, de entrada, suelen ser mucho más altos, alargados y esbeltos que los latinos. Las complexiones son muy distintas, y mientras que es un hecho que esto no es en modo alguno un impedimento para realizar esta actividad, no podemos negar que una bailarina que mide 1.60 tendrá que realizar el doble del esfuerzo para verse en escenario del mismo tamaño que la de 1.80. Existen algunas realidades que no podemos cambiar.

 

En cuanto a otras aptitudes, creo que la naturaleza es sabia y siempre ha sabido balancear lo que unos tienen y lo que otros no, cada pueblo hereda un cúmulo de configuraciones, y no sólo físicas, sino culturales. En toda raza encontramos a personas con aptitudes para la danza. Empezando desde tener por naturaleza bajos niveles corporales de grasa y buen tono muscular, hasta unos lindos empeines, pasando por piernas hiperextendidas (es decir que se extienden más allá de la línea recta), excelente rotación de la articulación coxofemoral, y en general altos niveles de flexibilidad (definida como el conjunto de fuerza y elasticidad), hay casos que se destacan mucho más allá del color de la piel o la región geográfica. La generalidad rara vez aplica cuando son excepciones lo que estamos buscando, y un buen bailarín, es por lo general, excepcional (valga la ironía implícita). En estos casos, la vida elige de modos distintos, ya que gran parte de estas aptitudes vienen definidas desde nuestro nacimiento, sin importar el modo en el que vayamos a utilizar el cuerpo. El venir al mundo con uno o más de estos dones, puede hacer el camino simplemente más sencillo o complicado, pero es un hecho que cualquier persona que se dedica al quehacer artístico sabe que no todo está en el cuerpo, de hecho, es justamente la parte más importante la que no está ahí.

 

Existen algunas otras habilidades que se desarrollan de manera más sencilla en algunas personas que en otras, aquí no sólo interviene la carga genética, sino también los hábitos y costumbres de la infancia y en general las cosas aprendidas a edades tempranas. Al igual que con las cualidades físicas, todo es más sencillo de trabajarse mientras más pequeños somos. En esta área podríamos destacar la musicalidad, la coordinación y el ritmo, este último una de esas cosas que los cuerpos latinos asimilan con notable facilidad, en la mayoría de los casos.

 

El último punto que quedaría por explorar, es el de la expresividad, uno particularmente complicado. Existe una amplia discusión sobre si esto se puede “trabajar” o no, casi todo el mundo parece estar de acuerdo en que la gente que es particularmente expresiva al bailar (o al desempeñarse en cualquier arte) es así porque “ya lo trae”. Esto podría ser más desesperante que cualquier otro de los aspectos que hemos mencionado. Vaya, si yo sé que me tocó nacer con unos pies horribles, lo de menos es estirarlos hasta que queden en un calambre permanente, pero, ¿cómo estirar un corazón para que llene el escenario? La respuesta más frecuente es que “eso no se enseña”. Tremenda decepción para alguien después de 8 años de entrenamiento, decirle que ese punto final que hace la diferencia entre el promedio y lo destacable, es un elemento aleatorio totalmente fuera de nuestro control. Yo, personalmente, no lo creo al 100%. Me parece que como seres humanos, todos somos capaces de sentir y expresar emociones, simplemente resulta que algunos están más en contacto con ellas, por un simple caso de personalidad. El profesor debe ser creativo y tratar de generar situaciones en las que el alumno pueda ponerse en contacto con dichas emociones, y de preferencia, que esto suceda al mismo tiempo que se ejecuta la danza. Para ambas partes se trata de un gran reto, uno debe estar dispuesto a desnudar algo que con frecuencia mantiene guardado, y el otro debe estar consciente de que manipula algo sumamente frágil y delicado. Los moretones y los tirones sanan con terapia física, pero dañar el alma requiere de terapias mucho más complejas.

 

¿Qué se necesita para ser bailarín? Absolutamente todo y nada a la vez. Dicen que no hay quien tenga absolutamente todo lo que hemos mencionado con anterioridad, me parece que hay un par de casos, de magnitud histórica que si lo tienen, y qué afortunados fueron en verdad. Seguramente habrá otros casos que lo tuvieron todo y simplemente nunca les intereso bailar, tal vez sean físicos nucleares y se guarden los empeines para sus calcetines. Nadie dijo que tener las cosas implica la responsabilidad de usarlas.

Finalmente, una pequeña reflexión: todo lo que no tenemos, absolutamente todo, podemos trabajarlo. Dice el dicho que “el que quiere azul celeste, que le cueste”. Como con todas las cosas, aquellas que vienen con facilidad, corren el riesgo de ser poco apreciadas. Con frecuencia vemos al bailarín que por tener varias aptitudes físicas, considera que tiene que hacer un menor esfuerzo que los demás. Este tipo de persona, suele ser rebasada eventualmente por los que se ven obligados a trabajar al máximo cada día si esperan si quiera tener condiciones semejantes. El aprecio por el trabajo, la humildad, la dedicación y la entrega, son sin duda, las cualidades más importantes de un bailarín. El “talento”, como le llamamos, es ese conjunto de condiciones que se nos han dado, nuestro regalo de nacimiento. Es un simple potencial, una posibilidad, y si trabajamos al máximo, podemos multiplicarlo y hasta exponenciarlo; si lo damos por sentado y no lo explotamos, podemos llegar incluso a oxidarlo y perderlo. Nada en este mundo puede hacer que no llegues a tu meta, más que tú mismo. El obstáculo más grande eres tú, ¿estás listo para vencerte a ti mismo cada día? Pues adelante.

 

Felices Pasos

 

“Tener límites contra los cuales luchar es la única manera de darte cuenta de lo que puedes hacer” – Sylvie Guillem

 

Guillermo Flores es director, coreógrafo y profesor de Artium Dance Center.

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